Mañana Es Hoy
Voy a compartirles otro relato que escribí. Ya tiene como 3 años desde su creación, fue para un consurso del Tec sobre ensayo y cuento corto. Para cumplir con los requisitos del mismo tuve que ponerme un límite de palabras, lo cual detesto, pero que me ayudó a mantener concisa la idea del cuento y a no divagar, como suelo hacerlo.
Como dato cultural, quedé en segundo lugar. Por ahí tengo el diploma y todo. Yo sé, yo sé, nadie se acuerda de los segundos lugares, pero para mi fue suficiente que leyeran el escrito frente a todos los que acudieron a la premiación y que al final un señor con pinta de intelectual se acercara a mi y me dijera:
“Tú eres el que escribió el relato del ‘casi’ ¿verdad?”
Yo sonreí ampliamente y con la modestia que ameritaba la ocasión dije: “Sí, señor”.
“Pues ‘casi’ ganas” y se echó a reir.
Mi sonrisa se desdibujó un poco pero tuve que darle crédito por el ingenio del comentario, así que también reí y dije: “Sí, casi gano, pero pues ni modo”.
Ya un poco más serio me dijo: “El primer lugar estuvo aburridísimo, aparte de medio tonto, y el tuyo estuvo pues… (hizo una pausa, se acercó más a mi y bajó la voz) con madre”.
De nuevo se me iluminó el rostro. Yo creo que no hay mejor cumplido que ese, y más cuando se siente sincero.
Pero bueno, a ver que piensan ustedes.
Mañana Es Hoy
El otro día, camino al trabajo, casi vi a una persona morir. Yo estaba en la esquina, a las 7:30 como siempre, esperando la ruta 204. Dos muchachas, de 15 o 16 años, iban caminando por la banqueta, platicando animadamente; distraídas, despreocupadas, jóvenes. Un gran camión en el que se podía leer: “Mudanzas Los Dos Hermanos”, estaba estacionado un poco delante de ellas. Justo antes de pasar al lado del camión, decidieron cruzar la calle. Seguían hablando. Yo observaba. Un carro gris, Altima para ser exactos, venia a prisa por la calle; tal vez iba tarde al trabajo, tal vez se había peleado con su loca esposa, no sé, pero la calle era lo último a lo que estaba prestando atención. El camión de los dos hermanos, no dejó que ni el automovilista ni las jóvenes se vieran. Ellas reían. Seguían caminando. El auto se aproximaba. No lo habían visto. Yo me empecé a inquietar. El señor del Altima no bajaba la velocidad, a ellas no les enseñaron a voltear a los dos lados. Quise gritar, pero ningún sonido salió de mi garganta. Sería inevitable. Yo miraba fijamente, con morbosidad. Ellas dieron unos pasos más y una de ellas se detuvo en seco. Por instinto. Ni siquiera le dio tiempo de avisarle a su amiga, la cual se siguió de largo, solo un metro más. Vi la cara del señor: una mezcla de impresión, sorpresa y terror. Con los reflejos más rápidos que jamás hubiera visto, dio un volantazo y se oyó el rechinar de las llantas. La muchacha apenas y se alcanzó a parar, el cofre quedó a escasos centímetros de la rodilla. Ella ni siquiera pudo gritar, fue como si la muerte hubiera alargado el brazo para agarrarla del cuello y solo le hubiera rozado las mejillas. El impacto duró unos cuantos segundos e independientemente del furor que vendría después, el agradecimiento por seguir vivo era mucho mayor, se les podía ver en las caras: se evitó una tragedia. Yo me sentí profundamente decepcionado.
Si tuviera que reducir mi vida a una palabra, esta sería “casi”. Porque todo ha estado a punto de pasarme, pero nada ha pasado. Verán: casi estuve en el cuadro de honor de la primaria, casi me seleccionaban para jugar en el equipo representativo de futbol de la escuela, casi aprendí a nadar, casi me enamoré, casi fui a Europa, casi di un beso de lengua, casi me tiré del bungee, casi terminé mi carrera, casi compré un carro, casi me hice un tatuaje, casi me subí a la montaña rusa, casi aprendí salsa, casi obtuve el empleo que quería, casi me compré mi casita, casi vi a una persona morir. No sirve de nada. Mi biografía seria la mas aburrida de toda la historia, y es que soy un peón de la sociedad, alguien bajo el efecto de algún somnífero, que vaga como zombie por las calles, una pelota que rebota de un lado a otro, sin dirección alguna. Levantarme, bañarme, mirar en el espejo que el tiempo no me ha tenido compasión, ponerme la misma camisa blanca y traje beige que ayer, el mismo cereal, el mismo camión, el mismo maldito trabajo desde hace 20 años, capturando datos, dan las 6 y otra vez a mi departamento, los mismos canales en la TV, la misma hora de dormir. Un campeón de la rutina. Patético a más no poder. Cada día al levantarme, quiero que me duela una muela, o que truenen los huesos, para sentir que sigo vivo. También, siempre que voy caminando de noche, volteo a ver a todos lados, esperando fervientemente ver alguna criatura extraña, un OVNI, un fantasma, un perro con dos cabezas, ¡lo que sea por Dios! Para sentir que algo diferente pasa en mi, para ver si se me quita este miedo que me ha gobernado toda mi existencia, pero del cual no me puedo, o quiero, deshacer, como una esposa golpeada que sigue al lado del marido, así sigo yo aforrándome a mi miedo, porque la seguridad es todo lo que tengo y al final, se que eso mismo me va a matar.
Toda la vida me la he pasado pensando que mañana las cosas van a cambiar, que alguien especial va a llegar a mi vida, que voy a ganarme la loteria, que voy a descubrir lo que le falta a este mundo para ser mejor. Pero no. Me he dado cuenta que uno construye su propio futuro, y que he esperado en vano, me he dado cuenta que mañana es hoy, y que no puedo seguir esperando que algo pase, es hora de tomar el control.
Por eso compré los explosivos, y por eso los metí a la cajuela del carro rentado, para sentir la adrenalina correr por primera vez, porque si me pongo mi saco marrón, conduzco y me estaciono en medio del desfile de independencia, me recordarán, para bien o para mal, me recordarán, sin duda alguna, más que cuando muera un lunes por la tarde asfixiado por un pedazo de pollo. No tengo nada que perder, yo ya morí, no existo. Pero cuando todo haya pasado y la explosión acabe con decenas de vidas felices, encontraran esta nota en mi departamento y me entenderán, me valorarán. Y por primera vez el “casi” va a morir, aunque sea conmigo.